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Este viernes pasado, en Japón se celebró una fecha muy especial: el «7-5-3» (Shichi-Go-San), una tradición en la que se festeja que los niños han alcanzado las edades de 3, 5 y 7 años.
Esta costumbre tiene sus raíces en tiempos antiguos, cuando Japón atravesaba una época de grandes dificultades. Durante esa era, la mortalidad infantil era elevada, ya que los avances médicos y la atención de salud eran limitados. Muchos niños no llegaban a la adultez, y la pérdida de un hijo era algo común. Por ello, alcanzar estas edades significaba una gran bendición para las familias.
Cuando los niños cumplían 3 años, la comunidad celebraba con alegría el hecho de que ya podían caminar y comenzar a hablar, marcando el paso de la etapa de bebé a la infancia. A los 5 años, el festejo era por el hecho de que el niño llegara sano a esa edad, una señal de esperanza y fortaleza. Y a los 7 años, el gran motivo de celebración era que el niño ya podía ingresar a la escuela, lo que simbolizaba un avance significativo hacia la madurez.
En la iglesia donde congrego, este último domingo, no solo hemos bendecido a los niños que cumplen 3, 5 y 7 años, sino que también celebramos y bendecimos a todos los niños pequeños hasta la escuela primaria, agradeciendo y pidiendo por su bienestar y protección.
“13 Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discípulos les reprendieron. 14 Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos. 15 Y habiendo puesto sobre ellos las manos, se fue de allí.” Mateo 19:13-15 RV60
Jesús siempre mostró un amor especial por los niños. A lo largo de los Evangelios, podemos ver cómo se acercaba a ellos con ternura, les brindaba su atención y les ofrecía su bendición. En un mundo donde a menudo los adultos eran los que dominaban y tenían mayor visibilidad, Jesús les daba un lugar especial a los niños, demostrando que para Él tienen un valor inmenso.
En el Evangelio de Lucas, por ejemplo, Jesús dice: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios.” (Lucas 18:16 RV60). Esta frase nos muestra la profunda estima que Jesús tenía por los más pequeños.
Sin embargo, en aquella época, al igual que hoy, los niños no siempre eran considerados con la misma importancia que los adultos. En el contexto social y cultural de los tiempos de Jesús, las prioridades de los adultos a menudo eclipsaban las necesidades y deseos de los niños. Muchas veces, se les veía como «molestos» o «cargosos», y los adultos podían no prestarles atención o incluso apartarlos. Esta es una situación que también observamos hoy en día, en muchos hogares y sociedades, donde a veces se percibe a los niños como una carga o un estorbo, especialmente cuando exigen atención, cuidados o cuando su comportamiento es inquieto.
Pero Jesús, al contrario, nos invita a cambiar esa perspectiva. Él nos enseña que los niños no son solo el futuro de la sociedad, sino que tienen un valor intrínseco ante los ojos de Dios. “Los hijos son la herencia que nos da el SEÑOR; los frutos del vientre son la recompensa que viene de Dios.” Salmos 127:3 PDT
Jesús no solo bendecía a los niños, sino que también les daba un lugar en su corazón y en su enseñanza. Nos mostró que el Reino de los Cielos es para los humildes, para los que tienen un corazón puro y sencillo, como el de un niño.
Es por eso que, hoy en día, debemos también reconocer la importancia de los niños en nuestras vidas. Son el presente y el futuro de nuestras comunidades, y como sociedad, debemos velar por su bienestar, educación y crecimiento en valores. En muchas ocasiones, los niños pueden ser invisibles o relegados a un segundo plano, pero, al igual que Jesús lo hizo, debemos aprender a valorarlos, escucharlos y, sobre todo, a orar por ellos.
“Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.” Proverbios 22:6 RV60
Hoy, más que nunca, debemos orar por los niños, por su protección, por su desarrollo espiritual, emocional y físico. Ellos son los que tomarán las riendas del futuro, y su bienestar y formación son fundamentales para la construcción de una sociedad más justa, amorosa y solidaria. Al igual que Jesús bendecía a los niños, nosotros también debemos bendecirlos con nuestras oraciones, apoyarlos en su crecimiento y guiarlos en el amor y el conocimiento de Dios.
Espero que este mensaje haya tocado tu corazón y te haya inspirado a valorar aún más a los niños en tu vida. Si te ha gustado, no olvides darle like al video, suscribirte a nuestro canal y activar la campanita de notificaciones para que no te pierdas ninguno de nuestros próximos contenidos. Además, te invito a que veas los otros videos de mi canal, donde profundizamos más sobre temas que impactan nuestras vidas y nuestra fe. ¡Me encantaría seguir creciendo juntos en este camino! Que Dios te bendiga, y hasta la próxima.